Charla-coloquio taller el micrófono

DISCRIMINACIÓN Y DISCAPACIDAD

 Cómo me aceptan y cómo me siento

Avilés, I.Flores, D. Álvarez, D. Rodriguez

Según Plena Inclusión.<<La discapacidad intelectual implica una serie de limitaciones en las habilidades que la persona aprende para funcionar en su vida diaria y que le permiten responder ante distintas situaciones y lugares.>>, <<La discapacidad intelectual se expresa en la relación con el entorno. Por tanto, depende tanto de la propia persona como de las barreras u obstáculos que tiene alrededor. Si logramos un entorno más fácil y accesible, las personas con discapacidad intelectual tendrán menos dificultades, y por ello, su discapacidad parecerá menor.>>
<<A las personas con discapacidad intelectual les cuesta más que a los demás aprender, comprender y comunicarse.>>
<<La discapacidad intelectual generalmente es permanente, es decir, para toda la vida, y tiene un impacto importante en la vida de la persona y de su familia.>>


La discriminación por otra parte, es el trato diferente que se le da a una persona por raza, sexo, ideas políticas, religión, aspecto, forma de vestir, etc……


Los tres autores de este artículo os vamos a ofrecer una visión de nuestras particulares experiencias, y como hemos vivido y vivimos nuestra discapacidad dentro y fuera de nuestro centro.


I. F. G. Me siento como una persona feliz, completamente integrada en el centro al que acudo, como en mi entorno familiar y también en el grupo de pares, en ningún momento me siento diferente que el resto al poseer discapacidad intelectual.


D. R. G. Yo como usuario del CAI Rey Pelayo, nunca me he sentido discriminado, ni excluido por mis compañeros, ni por los educadores. Me cogieron con los brazos abiertos, me apoyan, en los buenos y malos momentos de mi vida. En el entorno familiar nunca me sentí aislado, siempre me mimaron más que mis hermanos.
En el colegio me sentía más seguro estando solo que con mis compañeros porque recibía insultos por parte de ellos , aunque tenía un compañero que siempre estaba conmigo en el patio y con el que me llevaba bien.
En la actualidad, esto ya no ocurre, me siento plenamente integrado.


D. Á. C. Yo nací sin una discapacidad, pero a mis 24 años de edad, un desgraciado accidente de tráfico, trunco mi vida. Pasé de ser independiente a volver a ser dependiente, hasta el punto de necesitar ayuda constante para tareas de la vida cotidiana, como por ejemplo salir a pasear o a tomar un café sola.
Yo siempre sentí el apoyo total e incondicional de mi familia, pero a la vez eran sobreprotectores conmigo impidiéndome ser yo misma.
En la actualidad acudo al C.A.I. Rey Pelayo, en Avilés, no por elección propia, como muchas cosas en mi vida desde el accidente, si no por elección de mis familiares.
A pesar de ello cada vez me siento más integrada, no sin mis más y mis menos…….
Respecto a los educadores, me siento con ellos como en familia, cuando tengo algún problema puedo acudir a ellos.
Lo que más echo de menos es poder salir de C.A.I. sola, simplemente a tomarme un café en la hora del descanso.
La discriminación social en mi persona también se hace patente en algunos momentos, cuándo por ejemplo se me quedan mirando raro por mi forma de caminar, y mi contestación es girarme y mirar con sorna. También pienso que yo, en la misma situación podría llegar a hacer lo mismo.

Hasta aquí nuestras particulares experiencias, con sus más y sus menos. Éste, es el mundo que nos ha tocado vivir, y en el que hacemos lo posible por sobre vivir.


La compresión tendría que ser lo que debería que unir el mundo uno con el mundo dos.

 

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