Asociación Rey Pelayo

Para personas con discapacidad intelectual

   

Recurso público especializado para personas con discapacidad...

La Asociación Rey Pelayo es una entidad sin ánimo de lucro fundada...

UN VOLUNTARIO EN REY PELAYO (II)

DISCAPACIDAD INTELECTUAL.

Propuestas de trabajo.

La educación actual bien entendida y aplicada, debe ser inclusiva en su integridad, sin ningún tipo de exclusión. Han de darse a cada persona idénticas condiciones para desarrollar plenamente sus capacidades, tanto personales como colectivas. No es admisible una escuela o taller con personas discriminadas por su raza, idioma, sexo o capacidad intelectual. La escuela o el taller han de ser un lugar donde el aprendizaje se adapte lo mejor posible a las necesidades y capacidades de cada persona.

Las personas, niños y niñas, con algún tipo de discapacidad, retraso, deficiencia o discapacidad mental de conocimientos intelectuales han de ser enseñados, y educados en igualdad de condiciones por los profesionales de la enseñanza, requiriendo esto un esfuerzo muy importante para no caer en la onerosa tradición de sistemas de enseñanza caducos, no operativos y experimentalmente ineficaces que siguen marginando, excluyendo, y educando a estas personas de modo y manera selectiva, sin valorar la potencialidad y capacidad de esas personas para que puedan ser incorporadas al aprendizaje general sin una disminución previa de sus habilidades personales en igualdad de condiciones y oportunidades.

Todos hemos de colaborar a que estas personas, niñas y niños, con algún tipo o grado de discapacidad intelectual o psíquica no sean nunca más excluidos de la igualdad que se acepta para el resto de la sociedad.

Antes del año 1.992, se utilizaban olvidadas y retrógradas denominaciones, tales como: “tonto”, “imbécil”, “idiota” o “subnormal”, entre otras.
La definición de “retraso mental” de 1992 estuvo llena de razones y posturas diferentes y encontradas.
En el año 2.002aparece la décima edición de “retraso mental”.
En el año 2.007 el término “retraso mental” fue sustituido por el de “discapacidad intelectual”.
El discapacitado intelectual ha de considerado como cualquier otro ser humano dentro de la sociedad. No sólo se ha de cambiar el nombre de la definición, sino que se ha de producir un cambio en la forma y manera de entender a estas personas.

Todos los seres humanos padecemos de diferentes grados de discapacidad según la Organización mundial de la salud en 1.980, quien reconoce y acepta que existen restricciones en el entorno en el que viven estas personas que impiden u obstaculizan la participación de las mismas dentro de la sociedad. Es degradante observar cómo a las personas con discapacidad intelectual no se les acepta como poseedoras de los mismos derechos que el resto de la sociedad, ya que no son consideradas como igual de válidas que los demás.

En el año 2.002 la Declaración de Madrid manifestó: “No discriminación más acción positiva es igual a inclusión social”.
Es de vital importancia, que por encima de los términos, definiciones, y todo lo demás, se considere el desarrollo integral de la persona dentro de su entorno potenciándolo y apoyándolo en cada momento de su vida. Hemos de aceptar y respetar a la persona mucho antes que a su discapacidad. Eliminemos los impedimentos opuestos a la realización de su actividad en igualdad de oportunidades y condiciones.
Tenemos la responsabilidad y la obligación ética, moral y social de educar y desarrollar a las personas discapacitadas intelectualmente en todas y en cada una de las facetas de su persona buscando y encontrando los apoyos más adecuados para ellas.
Se ha de valorar y clasificar las capacidades y debilidades de cada persona en todas las áreas y valores diferentes que posee y que la rodean; su salud, entorno y ambiente en el que se mueve y es educado, su familia, y sociedad en la que se desarrolla.
La persona tiene salud cuando porta un estado pleno de bienestar físico, mental y social. La alteración de uno de estos estados provoca generalmente una discapacidad o modificación notoria en el resto.

Puede suceder que alguna persona con discapacidad intelectual no sea capaz de reconocer sus limitaciones y/o problemas físicos y mentales. Es necesario que conozca sus discapacidades personales para poder colaborar y llevar a cabo un adecuado tratamiento de su salud integral, y su adecuado seguimiento en el tiempo. A la persona discapacitada le rodean condiciones que pueden ayudar o no a mejorar su bienestar psicológico y emocional, como son la familia, amigos, vecinos cercanos, servicios médicos, educativos, y la sociedad en general. Está comprobado que la discapacidad intelectual no se define por un único valor. Debe considerarse a la persona en su integridad, su capacidad más elevada y la menos capaz, sin olvidar su entorno familiar y social; y los medios con los que cuenta o necesita. Toda discapacidad es cambiable, no inmóvil. El crecimiento de la persona, su edad, su familia, su desarrollo biológico y el entorno cambiable que lo rodea. Según la calidad y cantidad de los apoyos que reciba esta persona podrá ser integrada socialmente en mayor o menor grado. Su calidad de vida se verá reflejada también en estas ayudas, las cuales se han de adaptar a sus necesidades, y no al revés. Se han de cambiar o modificar antiguos conceptos, ideas, y valores caducos, e incluso algunos de ellos han de ser eliminados por completo.

Todas las personas, incluidas las discapacitadas, tienen derecho a información, recursos y conclusiones aceptables en el entorno social y/o de trabajo, lo cual hará que su integración mejore sustancialmente, y aumente su valía y capacidad personal. Toda aplicación de las enseñanzas y necesidades educativas han de ser adaptables a la diversidad de las necesidades particulares de cada persona, para que su aprendizaje y adaptación social sea más rápida y de mejor calidad.

Es inaceptable que las personas más necesitadas psíquica, intelectual y fisicamente sean las que menor educación y ayudas reciban tanto de los organismos competentes como de la propia sociedad. Esta actitud, continuada en el tiempo, ha provocado y obtenido fracaso tras fracaso hasta el día de hoy, lo que ha desarrollado que una injusticia manifiesta haya logrado que esas discapacidades no se corrijan ni tan siquiera disminuyan por falta innovación, inversión, diversidad y flexibilidad.
Se hace obligado entender la atención a la diversidad de deficiencias como un elemento fundamental de la educación de calidad, porque el aprendizaje es individual y peculiar en cada persona. Una organización no flexible está abocada inexorablemente al fracaso más estrepitoso. Para obtener un resultado provechoso hemos de ser capaces de multiplicar las propuestas y estímulos adecuados de manera individual a cada persona.
Todo lo anteriormente expuesto no se podría llevar a cabo de manera positiva y eficaz sin el convencimiento y la implicación activa del personal educativo de cada Centro.

Uno de los objetivos de La Asociación Rey Pelayo es educar y formar a todas y a cada una de las personas usuarias de modo y manera correcta y positiva, con una gran variedad de aplicaciones teóricas y prácticas que lleguen a ser oportunidades reales con experiencias productivas y estimulantes en cada persona. Los educadores se adaptan a las personas bajo su responsabilidad en su personal aprendizaje aplicando los trabajos, materiales y tiempo de manera flexible y con métodos diferentes y diversos según la capacidad de cada usuario. Se adapta el aprendizaje a las características reales de cada persona. Los buenos resultados obtenidos se basan en un trabajo cooperativo y perseverante de todos los profesionales del equipo educativo del Centro. Las personas, a nivel particular, participan en su personal aprendizaje con su autonomía, siendo supervisados por el monitor para conseguir en ellos, y con ellos, objetivos y resultados prácticos, y comprobables.

 

La educación inclusiva como referente.

Otro de los objetivos de la Asociación en ofrecer una educación de la mejor y mayor calidad posible para todas y cada una de las personas del Centro. En esta educación inclusiva todos los usuarios son tratados en igualdad de condiciones, dentro de las posibilidades y desarrollo de cada uno. No hay exclusión, ni desventaja dentro de su sistema educativo funcional y personalizado.

Se practica la normativa del derecho a la educación para todos de acuerdo a la Convención de las Naciones Unidas del año 2.006, sobre el Derecho de las personas con Discapacidad. En el Centro no existen barreras educativas en la presencia, participación y desarrollo de cada usuario en su aprendizaje. No se aplica a todas las personas una terapia educativa uniforme, lineal, ni tampoco una enseñanza similar a la recibida durante su escolarización; sino que se aplican métodos educativos diferentes y diversos que se adecuan a las necesidades personales de cada usuario.

Se dispone de diferentes métodos y estructuras de trabajo que se han adecuado a las diferentes necesidades de cada persona, son fáciles de desarrollar, y que van presentando un mayor nivel de dificultades según sea la respuesta positiva de cada usuario al trabajo demandado en cada taller. Existen talleres donde las personas se distribuyen en grupos, más o menos reducidos, para la realización de trabajos muy específicos, en los que cada persona realiza una parte dentro del conjunto del trabajo. Se informa y forma a las personas de modo y manera que se produzca en ellos estímulos variados y perfectamente adecuados a la capacidad y necesidad de cada uno de ellos, para que el aprendizaje en cada trabajo sea al máximo de sus posibilidades.

En la Asociación Rey Pelayo, se ha aprendido a aprender sobre las diferencias entre las diversas capacidades de las personas usuarias del Centro. El trabajo de los educadores no termina con el horario educacional de cada día. Continuamente buscan, con sumo esmero, las formas y maneras más útiles y adecuadas para responder lo mejor posible a los retos que presenta la diversidad de aprendizaje, estímulos creativos, y educación abierta y flexible para todos. El Centro está totalmente abierto al entorno de la sociedad que le rodea, y participa de manera activa y dinámica en actividades dentro de adecuados programas promovidos por la sociedad civil que promocionen la educación y participación inclusiva de las personas con discapacidad intelectual. Aquí se plantea la educación inclusiva como un modo de vida activa dentro y fuera del Centro, uniendo y llevando la teoría a la práctica. Se valora diariamente el comportamiento, asistencia, horarios, participación, opinión, y rendimiento de cada persona a lo largo y ancho de la actividad programada en cada taller.

Todas y cada una de las personas con diferentes y diversas deficiencias que forman parte del Centro son aceptadas y respetadas como seres humanos que son, con todos sus derechos y deberes, desde sus capacidades, habilidades, necesidades, limitaciones y aportaciones. Son en cada momento dirigidas y acompañadas por sus educadores en la búsqueda del mejor aprendizaje y educación personal, integradora e inclusiva, dentro de la diversidad de las actividades de cada taller.

 

ELIMINANDO BARRERAS AL APRENDIZAJE.

La participación activa de las personas con discapacidad intelectual.

Todos los seres humanos con o sin discapacidad psíquica, intelectual o física, tienen pleno derecho a una educación adecuada que logre su integración efectiva y real en el medio social donde se desarrolla, poseyendo una vida autónoma de calidad. Las personas tenemos algún tipo de limitaciones que son determinadas por la genética de cada uno, por el entorno familiar y social en el que se desenvuelve cada día. Poseer una determinada carga genética no debiera limitar o marca a la persona en un grupo o categoría concreta, sino que cada una es distinta a otras, lo cual las hace diferentes dentro de un mismo sistema social y/o educacional.

Todo ser humano, discapacitado o no, ha de recibir las ayudas justas, y no discriminatorias ni peyorativas, que precisen para alcanzar las cotas más elevadas a las que pueda llegar en educación, trabajo, vivencias, oportunidades, autonomía personal, desarrollo social, y calidad de vida.

 

El pasado, y el futuro de la discapacidad.

El pasado: Hasta no hace mucho tiempo las personas con discapacidad psíquica e intelectual eran definidas con adjetivos sumamente negativos y altamente peyorativos, diferenciadores y excluyentes. Nadie se preocupaba de su posible recuperación intelectual y social, limitando al máximo las oportunidades y ocasiones en las que pudieran interactuar e integrarse en su entorno. Se les procuraba tener en lugares y círculos cerrados, tanto mental como socialmente. Eran tenidas como personas deficitarias, limitadas y reducidas por su estimado “poco valor”. Así se les ha impedido la práctica en la vida diaria ordinaria, y por ello no tener derecho a aprender como las demás personas; eran rechazadas y valoradas como un posible peligro, reduciendo más aún su capacidad.

Es del todo inadmisible, como hasta ahora, que se tengan más en cuenta las deficiencias e incompetencias que presenta la persona que sus capacidades reales, y las futuras debidamente potenciadas. No se ha de valorar la insuficiencia sólo desde una visión medico-sanitaria, patológica y asistencial.
Si se valoran únicamente las limitaciones de la persona, vamos a generar situaciones anormales e indeseables cuando son comparadas con personas que no las padecen, obteniendo con ello las consabidas desigualdades, marginaciones y exclusiones personales, sociales y educacionales.
Según las limitaciones o deficiencias que presenta cada persona, se le ha de otorgar una adecuada y correcta atención, educación y enseñanza, para que las diferencias con el resto sean las menos posibles, y así lograr que su integración sea la más idónea y uniforme posible.

Nunca se han subestimar e infravalorar el nivel de aprendizaje y de educación que pueden, y deben alcanzar las personas disminuidas o limitadas con un adecuado sistema educacional que no margine o anule su desarrollo impidiendo así su derecho a la igualdad de oportunidades.

El futuro: La normalización actual pone fin, más en teoría que en la práctica, a un egoísta y excluyente pasado vergonzoso demasiado presente aún. Se ha de reconocer de manera categórica que las personas con distintas capacidades y/o limitaciones tienen idénticos derechos y deberes que el resto de los ciudadanos en su vida diaria.
Jamás se les ha de considerar como raros, enfermos y extraños entre su entorno social, excluyéndoles de interactuar con las personas “normales”, y no ofreciéndolas oportunidades y condiciones adecuadas para su mejor, mayor y más rápida integración en la sociedad.

 

Características variables del aprendizaje. Las familias y la sociedad en general, deben hacer todo lo posible por olvidar las antiguas formas de valorar y tratar a las personas disminuidas psíquica e intelectualmente, y enfocar el esfuerzo y la atención médico-sanitaria y social en cambiar el método antiguo de educación exclusiva y excluyente por un modelo integrador que tenga en cuenta la realidad total de estas personas, y ayudarlas en su desarrollo integral con nuevas y mejores opciones, y apoyos., de manera y modo que afecten al fondo de la práctica educacional que precisen. La gran mayoría de las personas deficientes intelectuales son diferentes entre sí, y presentan distintas capacidades, dificultades y competencias; es por esta razón que los resultados parciales y finales son muy dispersos.
No hay límite para el desarrollo psíquico, intelectual, emotivo y de adaptación social de estas personas cuando son debidamente educadas y ayudadas para descubrir y aumentar sus propias capacidades, y para lograr su adaptación e interacción de manera consecuente y plenamente real.
Está meridianamente claro que no son niños, sino hombres y mujeres con todos los derechos y deberes dentro del mundo de los adultos.

Nunca más se han de permitir posiciones educativas y sociales que margines y excluyan a estas personas del resto de la sociedad. Sus necesidades educativas significan un auténtico desafío para sus educadores, y para la sociedad que las rodea en cuanto a dispensarlas y aportarlas oportunidades, servicios y ayudas de todo tipo, con la finalidad de lograr para ellos y su entorno una mejor y más abundante calidad de vida.

Pautas de integración y trabajo en la Asociación Rey Pelayo.

El personal directivo y educadores del Centro fundamentan sus trabajos y logros en conocer y reconocer que el aprendizaje de las personas con deficiencia intelectual es lento, o muy lento, en la mayoría de las personas. Esto es todo un reto que les lleva a insistir y perseverar sin desánimo en enseñarlas y educarlas en generalidades y particularidades que otras personas aprenden sin apoyo. La experiencia les ha enseñado que en el desarrollo del aprendizaje hay que ir paso a paso, evaluando continuamente sus logros, paradas o retrocesos.
Las referidas personas tienen los educadores adecuados a todos y cada uno de los métodos de educación y planificaciones de Centro, y con sus aptitudes y actitudes son capaces de enseñar, educar y orientar a cada una de ellas de acuerdo a sus necesidades y capacidades personales.

Algunas de las pautas de trabajo observadas son:
- Los educadores trabajan arduamente en lograr que las personas que llegan al centro desarrollen sus capacidades mentales y físicas básicas tales como atención, memoria y razonamiento.
- Que aprendan a través de talleres y tareas muy variadas, y alcancen un número importante de experiencias diversas.
- Se comienza a trabajar con los usuarios durante cortos periodos de tiempo que se van alargando de acuerdo a su capacidad personal.

- Se los motiva constantemente desde el inicio hasta el final de cada tarea.
- Son enseñados a iniciarse en cada una de las diferentes tareas, y se controla su aprendizaje hasta que las pueda ejecutar sin ayuda.
- Los responsables procuran que las tareas y talleres sean lo más acorde posible con la capacidades y necesidades de cada una de las personas.
- La repetición de tareas logra un mejor resultado en su aprendizaje.
- Son estimulados a responder a las preguntas que se les haga, dándoles un tiempo razonable para la respuesta.
- Nuevas y variadas tareas significan nuevas oportunidades y soluciones para ellos, participando en las mismas de manera activa y directa.
- Los talleres y sus tareas correspondientes son y están planificados de modo y manera que las personas participen lo más posible dentro de sus capacidades personales, cuidando hasta lo sumo que no representen para ellos el más mínimo problema de agobio, bloqueo o rechazo. Son continuamente animados y felicitados por educadores y compañeros cuando logran superar sus reticencias o limitaciones a alguna actividad o tarea.
- Se estimula la participación grupal con actividades colectivas, cooperativas, inclusivas y de reflexión sobre lo que van aprendiendo.

Estas, y otras pautas, tareas y trabajos están encaminados a que las personas sean lo más autónomas y capaces posible para enfrentarse a las diversas situaciones de su entorno y vida social con éxito, aumentando sus capacidades de lenguaje, comprensión escrita y oral.
Al igual que el resto de personas, los deficientes intelectuales necesitan, y responden mejor al aprendizaje cuando éste los agrada, estimula, y se sienten atraídas por él. Este aprendizaje obtiene mejores resultados cuando la persona vive con interés, y participa plenamente en lo que se le enseña.
El reconocimiento externo de los trabajos y tareas educacionales realizadas en el Centro es un indicativo que habla a través de la integración social de las personas como elemento de inclusión y cercanía dentro y fuera de su entorno de educación.

Compartiendo experiencias educacionales- Los diferentes educadores comparten entre sí sus experiencias y procesos de enseñanza aportando ideas, y respondiendo así de manera práctica y útil a la hora de valorar, mejorar, reflexionar y superar conjuntamente las dificultades y problemática surgida cada día, tratando conocer más y mejor la complejidad intelectual de cada persona, y trabajando en equipo poder obtener resultados personales y colectivos más óptimos en las personas usuarias del Centro.
El Centro pretende y trabaja arduamente en lograr una mayor confianza personal en todos y cada uno de los educadores a la hora de aplicar diferentes modelos educativos tanto a nivel personal como colectivo, tratando de lograr una participación de todos a la hora de buscar y encontrar las respuestas más adecuadas a las variantes formativas por ellos aplicadas.
En las reuniones semanales de coordinación se exponen las distintas experiencias surgidas en las diferentes y variadas situaciones surgidas durante la semana en los talleres, en el trato, comunicación y aprendizaje personal, valorando ideas y tratando de lograr un mejor y mayor aprovechamiento en el aprendizaje de los usuarios que redunde en conseguir en y para ellos una confortable calidad de vida.

Relación con las familias: La Asociación Rey Pelayo se esfuerza por lograr que las familiares de las personas usuarias del Centro se impliquen en la participación con plena confianza junto a los educadores en el proceso educativo y formativo de de las mismas, tratando de lograr una mejor calidad de aprendizaje para ellas, y que su participación activa sea lo más plena posible dentro de la comunidad social donde se desarrolla su vida diaria.

Algunos procesos de actuación: Los educadores tienen una serie de actuaciones que aportan importantes beneficios al colectivo de usuarios del Centro, las cuales se pueden resumir en:
- Utilización de un léxico sencillo, comprensible, con frases fáciles y cortas.
- Se les comunica la actividad que van a desarrollar, por qué, para qué, cómo y cuándo.
- Una tras otra se les realizan las preguntas necesarias para ayudarlos y animarlos a una participación activa, exponiendo cuales son las razones y finalidades propuestas por los educadores.
- El incesante trabajo educativo y formativo logra un importante aumento de la estima personal, demostrando con ello el éxito de sus elaborados y contrastados métodos y procesos de actuación, educación y aprendizaje.
- Cuando se estima que la respuesta a las medidas educativas son las adecuadas, deseadas y esperadas, se incrementa la responsabilidad de las personas y su autonomía, obteniendo así un visible incremento de su confianza integral en sus educadores, en sí mismos y en sus propias capacidades.

Es de valorar muy positivamente los trabajos individuales y en equipo realizados por los responsables de la dirección y educación del Centro manteniendo sus esfuerzos educativos permanentemente para tratar de mejorar la actividad individual y colectiva de las personas sin que haga efecto en ellos el desánimo cuando no se logran las respuestas previstas y las situaciones deseables, que en algunos casos parecen muy difíciles de conseguir. Cuando las respuestas educativas no son las previstas y deseables se logran equilibrar estas situaciones no positivas con los éxitos obtenidos en otras personas y en otras áreas de la educación al ajustar las propuestas de manera más acorde con la capacidad y situación particular de cada persona.

Anta la importante cantidad y variedad de las discapacidades intelectuales, de las situaciones personales, familiares, y sociales de los usuarios del Centro, el personal directivo y los educadores exponen a cada persona la realidad de su discapacidad con objeto de que comprendan cuales son sus propios puntos fuertes y débiles, y los acepten con la mayor naturalidad posible.

La educación inclusiva: El camino hacia una educación cada vez más inclusiva tiene como finalidad alcanzar una mejora sustancial en la actual calidad de vida de las personas con deficiencia intelectual. La calidad de vida es un concepto relativamente nuevo que requiere para su efectiva ejecución un planteamiento novedoso de las necesidades de las personas con incapacidad intelectual para lograr que alcancen los niveles de calidad de vida necesaria para su correcto desarrollo personal, tanto en la sociedad como en la sanidad, educación, entorno familiar, satisfacción dentro de sus condiciones de bienestar de vida, etc.

Para lograr niveles satisfactorios en la calidad de vida de estas personas se requiere desarrollar eficientes y eficaces programas que mejoren ostensiblemente la prestación de servicios, su correcta evaluación práctica, su inclusión educacional en la realidad social buscando variantes que mejoren el deficiente actual sistema educacional, social y familiar.

Algunos indicadores que definen las dimensiones de calidad de vida son:
- Reconocer y valorar sus derechos como persona integral en libertad y privacidad.
- Potenciar el desarrollo de sus habilidades y personalidad.
- Facilitar y aumentar sus relaciones con otras personas, familiares y compañeros.
- Aumentar al máximo posible su participación e inclusión activa en su entorno social.
- Reconocer y validar sus derechos a la salud, escolarización, trabajo, deporte, etc.
- Aceptar a la persona en total integridad, necesidades y valores personales.
- Incentivar su sentimiento de autoconfianza y toma de decisiones responsables.

Educando para transformar vidas.

El ser humano es el único ser sobre el que se puede aplicar la enseñanza de manera eficaz, y el único que la puede recibir de igual manera. Es capaz de crecer en estatura física y también en su desarrollo intelectual, emocional y social. A lo largo y ancho de dicho desarrollo, en algún momento, tendrá que rechazar algunos valores no apropiados para lograrlo; necesitará refinar otros y retener los valores que le hagan progresar hasta conseguir llegar al final de su meta

La experiencia del educador: El educador con profundo conocimiento de lo que enseña
reflejará en las personas educadas esa misma dimensión de conocimiento. Este conocimiento requiere un crecimiento continuo, o de lo contrario, se notará negativamente en las personas. No se puede enseñar lo que se desconoce. De alguna manera los educadores están sometidos a un aprendizaje constante, lo que los aporta una visión nueva y específica de cada persona educada y su circunstancia.

La lectura y el estudio continuado y reflexivo posibilita que el educador crezca en su propia dimensión intelectual, y en el conocimiento real de las personas a la que educa, obteniendo así mejores resultados educativos al estimularlos a que aprendan a buscar y a obtener conocimiento por sí mismos, y llevarlo a la práctica de manera lo más autónoma posible. Conocer en profundidad a las personas a las que se educa de manera individual lleva a conocer más y mejor sus características y necesidades.

Es de suma importancia enseñar a las personas cómo pensar, cómo aprender mientras vive y a vivir mientras aprenden. Se les enseña a entender lo que se les explica para que puedan llegar a usar lo que entienden. Posteriormente se los enseña cómo trabajar eficazmente.
A partir de aquí será más fácil que aprendan a controlar y dominar la lectura, la escritura, a escuchar y hablar correcta y adecuadamente.

El personal educativo de la Asociación Rey Pelayo es plenamente consciente de que la práctica permanente lleva a la persona a perfeccionarse cada día un poco más. La práctica continuada y adecuadamente evaluada logra personas más cualificadas. Está comprobado que aprendemos haciendo y haciendo aprendemos las cosas correctas.
Cuanto más participan las personas en los diferentes talleres del Centro mayor es su capacidad para aprender y desarrollar lo aprendido. Es conocido, y está comprobado, que si sólo se oye, se olvida rápidamente; si además se aprecia visualmente, el recuerdo es de mayor capacidad y duración; si se lleva a la práctica lo oído y visto, se entiende y logran resultados de mayor nivel.

El aprendizaje que resulta de la máxima participación en los diferentes talleres se logra con la dirección correcta a la hora de asignar actividades educativas en un ambiente de cordialidad y libertad. Los educadores no imponen sus querencias sino que prevalecen las necesidades y capacidades de los educados, con la finalidad de conseguir de ellos la educación correcta y más adecuada a sus capacidades personales.
La enseñanza que cada persona recibe permite que ésta sea aplicada en la practica de acuerdo a lo que acaba de aprender, y nunca más allá de lo que pueda retener y utilizar dentro de un objetivo determinado por el educador, evitando así el trabajo inútil, y una pérdida lamentable de tiempo, esfuerzo y recursos.
Los educadores del Centro se sienten satisfechos cuando comprueban que los métodos, procesos y enseñanzas educativas aplicadas contribuyen a mejorar de manera ostensible las vidas de las personas bajo su responsabilidad, y la de los que le rodean en su ámbito más cercano.

El proceso de educación es difícil en todos los ámbitos de la vida. En el Centro se estudia y trabaja con sumo esfuerzo tratando de conseguir influenciar a los usuarios por medio de los objetos para los sentidos, información para activar la mente y sus pensamientos con el fin de lograr de ellas un mayor poder de comunicación tanto con los educadores como sus compañeros, y el resto de personas de su entorno familiar y social. El proceso de comunicación eficaz tiene como bases fundamentales tres elementos imprescindibles como son el conocimiento a transmitir, los sentimientos del comunicador y la práctica consistente. Está comprobado que es más importante e instructivo lo que el educador ES, que lo que DICE o HACE. Educa más adecuadamente el ejemplo de vida del educador que su mensaje verbal. La comunicación no es sólo hablada y escrita, sino también se tiene en cuenta el lenguaje corporal. Lo que se dice ha de corresponderse con lo que se hace. De esta manera las palabras y el ejemplo personal están en perfecta armonía.

Los educadores han logrado establecer su credibilidad como tales a través de sus propios caracteres. Educan y enseñan sabiendo que lo que ellos son, tiene más valor que lo que digan o hagan. Lo que dicen y/o hacen está basado en su propio carácter lo que les otorga un personal atractivo como comunicadores, son más persuasivos y logran una mayor confianza en ellos de las personas bajo su responsabilidad, y también mayor motivación en los usuarios. Otro rasgo característico es estimular los sentimientos y canalizar sus emociones adecuadamente hacia acciones positivas, de manera razonada y lógica.

Los educadores no sólo enseñan y educan con su sabiduría, sino también, y sobre todo, con el corazón; con la totalidad de su ser. Esto lo perciben y agradecen las personas usuarias del Centro y sus familiares. Su exitosa labor se puede comprobar de manera palpable a través de lo que los usuarios hacen como respuesta a lo que proyectan los educadores. Son educados con el firme propósito de inculcarlos confianza en sí mismos, a que aprendan, y que se produzca un importante cambio en sus mentes, emociones y voluntad. A las personas a su cargo las ganan con el corazón. La relación personal es de corazón a corazón.

El conocer de esta manera tan personal y directa a sus educados les aporta sabiduría sobre sus necesidades, carencias y capacidades. Este conocimiento no es fácil de obtener ni labor de poco tiempo. Requiere mucha entrega y dedicación personal, tanto en los talleres como en horario y trabajo fuera de ellos. Se han ganado el derecho a ser oídos y tenidos en cuenta. La credibilidad y eficacia de sus contrastados métodos educativos llegan a transformar vidas.
Todo esto no indica que los educadores no sean personas vulnerables, humanas; con sus momentos altos y bajos, luchas, desilusiones y alegrías. Están fabricados con el mismo barro de los que educan. Todas estas experiencias vividas a lo largo y ancho de sus vidas como educadores los han hecho las personas extraordinarias que son.

 

Muchas gracias en nombre de todas las personas usuarias de la Asociación Rey Pelayo.
 

 

 

Avilés 25 de Octubre de 2019
José Manuel Morales Betrián

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